Desde que fui bastante jovencita, siempre he cargado con el sambenito de “no he visto la película, pero he leído el libro”. No sé si alguno de los que pueda leer esto estará en la misma situación que yo. Cuando se hablaba entre amigos de alguna película, era probable que yo tuviera que confesar que no la había visto, pero, si esa película estaba basada en un libro, podía poner la mano en el fuego de que el libro seguro, pero seguro, que había pasado por mis manos. Así que, cuando pasa lo contrario, que yo haya visto una película basada en un libro que nadie más recuerde haber visto antes, me da la impresión de encontrarme con un caso contra natura, tal es la imprenta que esa situación ha dejado en mí. Uno de esos extraordinarios riscos culturales es la película de animación “The last unicorn”. ¿Alguien la recuerda? Narraba las aventuras de un unicornio que se ponía a recorrer el mundo en busca de otros unicornios y acababa descubriendo que todos ellos habían sido
atrapados por el Toro Rojo (Red Bull, en inglés) para complacer a un viejo rey que deseaba poseerlos a todos. Yo recuerdo estar sentada frente al televisor durante unas Navidades viendo la película en Telecinco (el único canal que se dedicaba a poner películas de fantasía, como las de la saga de “La gruta de la rosa de oro”, que narraban las aventuras de una princesa de armas tomar llamada Fantaghiró), pero al parecer nadie, nadie, recuerda a “El último unicornio”.
Cabe decir que hasta hace relativamente poco, apenas unos años, no supe que la película tenía sus orígenes en un libro. Un día, pasando por delante de una de las tiendas de antigüedades de Gracia, vi una oferta de libros de segunda mano, en plan “coja tres libros y pague sólo dos euros”. La tentación era difícil de resistir. Dediqué un buen cuarto de hora a hacer excavaciones en aquellas pilas de material impreso y, cómo no, hice criba de todos los libros de fantasía épica que pude encontrar (aquel día mi colección de fantasía aumentó considerablemente, casi me hice toda la colección de la serie “Scorpio” de Timun Mas). Cuál fue mi sorpresa cuando di con un volumen de “El último unicornio” (editorial Martínez Roca). Y cuál fue mi pasmo cuando, leyendo el resumen, resultaba que aquel libro era el origen de la película. Cómo no, el libro acabó en mi saca y aquella misma tarde lo empecé… y me lo terminé. La conclusión fue que el libro, para variar, era mucho mejor que la película, más que nada porque estaba escrito en un estilo muy romántico y medieval, pero, por el otro lado, debo admitir que la película es, sin duda, una de las mejores adaptaciones que he visto jamás. No sólo eso, el descubrimiento de este libro me trajo de nuevo a la palestra de autores cotizados por mi persona al nunca suficientemente aclamado Peter Beagle.Para los interesados en rememorar el contenido de este clásico (que gan
ó varios premios y se considera una de las mejores películas de animación de la época, sin olvidar el impacto que tuvo su banda sonora, producida por un grupo llamado “América”, creo recordar), el año pasado se cumplió el vigésimo quinto aniversario del estreno de la película, por lo cual aparecieron en el mercado ediciones especiales bastante atractivas. La mejor oferta de todas ellas fue la publicitada por el club de fans de Peter Beagle, que vendían por 25 dólares la edición de oro firmada por el mismísimo Peter. Por desgracia, se me pasó pedir uno (eso sin contar que no sabía si la oferta era exclusiva para el territorio estadounidense o si se hacía extensiva al resto del planeta). Resulta sorprendente, en todo caso, qué tipo de actividades fomenta este club de fans: el hecho de que, de vez en cuando anuncien dónde Beagle hace una ponencia y después inviten a todo el que se quiera presentar a un picnic en alguna localidad cercana (con Beagle incluîdo, por supuesto) resulta un tanto, ¿cômo decirlo?, inusual.
ó varios premios y se considera una de las mejores películas de animación de la época, sin olvidar el impacto que tuvo su banda sonora, producida por un grupo llamado “América”, creo recordar), el año pasado se cumplió el vigésimo quinto aniversario del estreno de la película, por lo cual aparecieron en el mercado ediciones especiales bastante atractivas. La mejor oferta de todas ellas fue la publicitada por el club de fans de Peter Beagle, que vendían por 25 dólares la edición de oro firmada por el mismísimo Peter. Por desgracia, se me pasó pedir uno (eso sin contar que no sabía si la oferta era exclusiva para el territorio estadounidense o si se hacía extensiva al resto del planeta). Resulta sorprendente, en todo caso, qué tipo de actividades fomenta este club de fans: el hecho de que, de vez en cuando anuncien dónde Beagle hace una ponencia y después inviten a todo el que se quiera presentar a un picnic en alguna localidad cercana (con Beagle incluîdo, por supuesto) resulta un tanto, ¿cômo decirlo?, inusual.
6 comentarios:
Wow, si que te has ido lejos a leer...
Pero si no me ofendiô lo mâs mînimo... Es mâs, eres el primero que me dice abiertamente que tengo mala hostia. Yo lleguê a esa conclusiôn hace muchîsimo tiempo. (Lo que pasa es que no puedo decirlo en voz alta, porque esa expresiôn le fastidia mucho a mi padre, que fue cura antes de decidir que la vida conyugal le molaba mâs...)
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