martes, 22 de julio de 2014

Despedida para ANuRa

Que recuerde, he sido ANuRa desde que en el primer año de biología me enteré que el grupo de anfibios que pierden la cola tras la metamorfosis (ranas, sapos y sapillos) eran anuros (“sin cola”) y me di cuenta de que por esas casualidades que parecen destino, pero sólo son puro azar, yo, la herpetóloga frustrada, podía encontrar mis iniciales en dicha palabra en el orden correcto.

En retrospectiva, ANuRa era un pseudónimo muy inocente. Y, por serlo, reflejaba a la perfección al alma cándida que entonces era. La primera vez que firmé como ANuRa, o pedí una dedicatoria para ella, yo era una estudiante de biología, sin puñetera idea de lo que vendría después. Que dibujaba a ratos, entre horas, durante clases. Que estaba en plena efervescencia del síndrome Harry Potter y leyendo manga prestado día sí y día también.

Desde entonces, ha llovido: acabé la carrera, pasé un año de voluntariado en parques zoológicos, hice dos masters, me independicé, hice mi doctorado en Heidilandia, migré a las Tierras del Kilt. Hice comic, leí nuevos libros, establecí nuevos intereses, visité nuevos países. Recordar cómo veía el mundo hace una década y compararlo con cómo lo veo hoy me hace reconsiderar hasta qué punto mis horizontes se han expandido. Quizás no en posibilidades, sino en comprensión. Me considero muy afortunada de haber visto, de haber hecho, de haber cambiado. Exceptuando detalles puntuales, cosas que entonces no sabía y que me habrían facilitado las cosas, no cambiaría mi vida por nada del mundo.

Entre medias hice amigos, un par de enemigos y quedé muy escarmentada con el tema “varones” en general. Sobre todo tuve que lidiar con la devastadora concepción que para una parte del sector masculino no cuento como persona: da igual mis títulos, mis intereses o mi forma de desenvolverme por la vida mientras tenga el potencial de ser una presa fácil que encandilar. Mis mayores quebraderos de cabeza han sido en ese sentido. Por no dejarme joder.

La ANuRa de hace diez años no sabía lidiar con malas intenciones. Era demasiado plácida, intentaba ser apaciguadora, se metía en graves entuertos por ello. Es por ello que creo que, desde que firmé como ANuRa por primera vez, mi mayor logro ha sido poder desarrollar mi mala leche. Perder el miedo al que dirán. Ser capaz de dejar de decir “pobrecita de mi” y acordarme de la madre que parió a aquellos que han intentado hacerme daño.

Y el cambio ha sido para bien. MUY para bien, a pesar de lo que me digan.

La persona que hace una década bauticé como ANuRa no se parece en nada a la persona que hoy soy. Y de un tiempo a esta parte, ya no me siento ANuRa. Durante un tiempo, he mantenido el nombre por puro romanticismo. Debo mucho a mi alter ego, mucho de lo que hoy soy. Pero he llegado al cruce de caminos en el que se me ha planteado la posibilidad – la necesidad – de dejar a ANuRa atrás. Y creo que lo correcto es dejar a ANuRa en la memoria.

No es por hacer borrón y cuenta nueva. ANuRa fue una etapa de aprendizaje. Aún estoy aprendiendo, pero he llegado al punto de que tengo que averiguar si puedo trascender desde ANuRa.

Y, por ello, tengo que “abandonar” todo bajo la autoría de ANuRa. Seguiré siendo ANuRa para aquellos que me quieren bien y me conocieron bajo ese nombre. No eliminaré el blog porque son muchas horas invertidas en él, pero no volveré a publicar entradas. Esto tampoco significa que mi presencia en la red se vaya a esfumar. Aquellos que me quieran sabrán como encontrarme. Sé que los que me quieren mal me encontrarán igual, pero al menos habrá quedado por el camino que no son bien recibidos.

No sé qué me depararán los próximos diez años. He escogido una carrera que es incierta, para empezar, y hace diez años nunca habría imaginado donde me iba a encontrar a día de hoy, así que no quiero hacer previsiones anticipadas. Quizás en el futuro tenga que desistir en ser lo que soy, pero he aprendido que tras tantos años viviendo con ese miedo aún puedo perseverar. Por otro lado, tengo ambiciones y sueños más allá de mi profesión. Son proyectos que se me antojan difíciles, pero en algún momento he de intentar desarrollarlos. Muchos de estos proyectos incluyen a Escocés Incomprensible. Ya estamos en la etapa que hemos dejado atrás los chutes de dopamina iniciales y empezamos a enfrentarnos a los defectos del prójimo, pero aún así queremos estar juntos. Llevamos un año cohabitando y los buenos momentos siguen superando los malos con creces. Ya me estoy haciendo a la idea que mi afán nómada va a tener que ser suprimido, que el futuro está en las Tierras del Kilt, con sus inviernos oscuros y sus veranos demasiado luminosos, con tener las cuatro estaciones en un solo día y con lidiar con una dieta rica en grasas y demasiado producto cárnico.

No estoy aún segura de que nombre encabezará esta nueva etapa (hay un potente candidato, pero aun no las tengo todas conmigo), pero sé que es lo que me gustaría desear para los próximos diez años.

Poder pasarlos con Escocés Incomprensible. Compartirnos con alguien (uno o dos) más.

Hacer cosas nuevas.

Conocer a mucha gente.

Crecer, pero no madurar.

Tener éxito, aunque sólo sea para joder a mis enemigos.

Y poder decir dentro de una década que mi yo de treinta y dos nunca habría podido imaginar que me iban a deparar los siguientes diez años.

A los amigos que me leían regularmente, gracias por aguantar el tipo a pesar de lo soporífero de mi redacción. A los esporádicos, espero haberos arrancado alguna sonrisa. Al resto, sois superfluos.


Fin del blog.




viernes, 13 de junio de 2014

Jodiendo (aun más) la visión idílica de la infancia…

… con uno de esos momentos en los que te das cuenta de que algunas de las canciones que cantabas por la calle con tus hermanos por ser tradicionales contenían referencias que para mentes mucho más sucias resultaban poco potables.

Bartolo tenía una flauta
Con un agujero solo
Y a todos daba la lata
Con su flauta
El buen Bartolo…


La flauta de Bartolo… La “flauta”. Ohmadredelamorhermoso… ¿Me prohibieron quedarme a solas con chicos, pero no me prohibieron cantar esto a voz de grito en el paseo maritimo del Zapillo?

martes, 20 de mayo de 2014

El día que casi perdí un pezón

Sábado, mediodía. Estamos subidos, tres monitores, dos desconocidos, Irlandesa Descocada y yo a un andamio de seguridad debajo de un puente con tráfico en un valle al sur de las Highlands. Escocés Incomprensible y Alice Wonderland están unos cincuenta metros más abajo, con cámaras y móviles prestos para inmortalizar el momento.

Irlandesa y yo nos vamos a tirar del puente en tándem. Con un cabo atado a los pies, porque somos osadas, pero no suicidas. Irlandesa, que tiene miedo a las alturas, porque ha recaudado dinero para una ONG y el desafío a cambio es lanzarse al vacío. Yo, porque me he ofrecido a darle apoyo físico y moral, aunque en estos momentos, de pie en un enrejado a través del cual se puede ver el río que corre de fondo y con los tobillos atados con los cabos de seguridad, me estoy arrepintiendo mucho. Reconozco la situación: igualita a cuando hace unos meses quise tirarme de un avión con un monitor pegado a la espalda y me acordé de toda mi ascendencia cuando abrieron la puerta de la avioneta a 4000 metros de altura.

Mi instinto de preservación es un hijoputa, aun cuando mi parte más racional me dice que es tontería. Lo peor es que por mí cuanto antes se acabe la penuria, mejor, pero Irlandesa está en medio de un ataque de pánico y no quiere dejarse arrastrar a la plataforma de caída. Nos han dado una clase sobre cómo nos tenemos que agarrar al amarre de la otra. Estamos dispuestas de forma que Irlandesa pasa su brazo izquierdo por mi espalda y yo tengo mi mano derecha alrededor del mango en su costado derecho. Brazo izquierdo mío libre, brazo derecho suyo libre. El monitor nos repite que es muy mala idea soltarse entremedias.

Llegamos por fin al borde de la plataforma (a pasitos: pies atados). Los monitores nos quieren hacer una foto antes de saltar, piden que Irlandesa se incline hacia atrás y yo hacia delante, para que salgamos las dos. Tras esfuerzos varios, el monitor consigue hacer una foto en la que se me ve la cabeza. Uno. Dos. Tres.

¡Saltad!

Dejo que mi peso me tire hacia delante, intentando arrastrar a Irlandesa. Más tarde averiguo que el monitor ayudo un poquitín dándole un buen empujón a la muchacha. El primer medio segundo de incertidumbre es de pánico. El segundo medio segundo – de mi experiencia tirándome de un avión – es un “bueno, ya está, estoy cayendo”. Parte de mí, inconscientemente, está esperando el tirón del elástico en mis tobillos, que sé que será gradual (una que es de ciencias).



El problema es que en el primer medio segundo mi grito de “ay mi madre” acaba convirtiéndose en un grito de agonía y de repente olvido que estoy atada a un cabo cayendo en dirección a un río. Me sale de la garganta un “arrrrrrrghhhhh” de dolor agudo.

Irlandesa, en un ataque de pánico y considerando que el amarre de su brazo izquierdo no es suficiente, se ha girado en vuelo hacia mí, me ha agarrado con una fuerza sobrenatural y está estrujándome la chaqueta, la camiseta, el sujetador… y mi pezón derecho.

Rebotamos tres veces, con Irlandesa decidida en ahorrarme futuros periodos de lactancia, antes de que yo pueda coherentemente articular en inglés un “¡Irlandesa, suelta mi teta!” que a mis oídos ha resonado en todo el valle. Ella reacciona, por suerte, inmediatamente, con un “oh, lo siento mucho”, suelta mi pechera y procede a pasarme el brazo alrededor del cuello intentando ahora estrangularme. Ignorando la sensación pulsante de mi pecho y el hecho de que a duras penas puedo mover los brazos, consigo ponernos los arneses que nos han tirado los monitores y quenos subirán de nuevo a la plataforma. Tardan unos minutos en izarnos de vuelta.

Cuando por fin nos reunimos con Escocés, éste me pregunta que qué tal la experiencia de caer en picado. Le digo, con sinceridad, que no me he enterado, mientras me protejo aun el pecho con una mano. Pica, duele, palpita. Dejo que sea Irlandesa, que casi está hecha un mar de lágrimas, porque se siente fatal por haberme hecho daño, quien cuente la historia. Alice y Escocés se parten, literalmente, el culo. Escoces le recrimina a Irlandesa que le haya metido mano a su novia (“second base”). Alice me dice que qué exagerada soy.

De vuelta al centro turístico donde hemos dejado el coche, la chica del mostrador descarga las fotografías que hicieron los monitores para que podamos verlas. Observamos con interés la serie de fotos en las que Irlandesa y yo caemos poco a poco en dirección al río. La última foto es del primer rebote. Cuando sale en la pantalla, todos (menos Irlandesa) nos reímos. En ella, Irlandesa está tensa de pánico, con la mano agarrando compulsivamente mi chaqueta, y yo salgo arqueando la espalda hacia atrás, con una mueca de dolor en la cara. El fotógrafo es un genio.


Me pregunta la chica que si voy a repetir la experiencia. Contesto que sí, eventualmente, sola.

lunes, 21 de abril de 2014

Devil came to me...

La oficina, hace diez minutos. Currándome una sección de un capitulo para un libro sobre animales que llevo con retraso.

Paro de teclear.

Sniff, sniff…

¿A qué huele?

Qué raro… Huele a química.

Sigo tecleando.

Al cabo de un rato vuelvo a parar porque el olor sigue ahí. Me quito los auriculares. Les tomo la temperatura (son nuevos, los últimos se recalentaban y puede que el olor sea a plástico caliente). Nada, están fríos. Huelo debajo de la mesa, a ver si es la torre del ordenador. No, el olor no viene de ahí.

Voy hacia la puerta. El olor se hace más fuerte. Me viene además con una vaharada de olor a comida. Es mediodía, alguien ha debido recalentarse un tapper, pienso.

Me digo que valor hay que tener para comer algo que huela así, pero me recuerdo que hay gente que come huevos de golondrina que han sido enterrados durante meses. Para gustos, los colores (olores, en este caso). Entro en mi oficina de nuevo, abro la ventana y sigo currando un rato. Pero el olor aun me llega, tan intenso que me está dando ascos.

Me sorprende no oír a nadie quejarse del mal olor. Los británicos son tolerantes, pero creo que este olor supera la contingencia cívica. Si el resto del personal esta oliendo lo mismo que yo tendrían ya que haber llamado a seguridad porque este olor no es normal.

Entonces caigo que he tomado un medicamento esta mañana y que la farmacéutica me dijo que podía tener efectos secundarios. ¿Me ha podido cambiar el sentido del olfato? No sería improbable, sé de varios medicamentos que te alteran la sensibilidad nasal. Además, este fin de semana fue ese tiempo del mes y siempre se me afina la nariz (esos días, si se me planta delante que se haya echado perfume en exceso me dan dolores de cabeza). Eso sin contar que mi nariz tiene personalidad propia: cuando abonan los campos cerca de aquí todo el mundo se queja de que huele a mierda, pero yo digo que me huele a jamila, que es el jugo que sale de las olivas cuando se apelotona el fruto (sí, soy rara, pero es lo que tiene que tu familia tenga ramas jienenses y media parentela recoja aceituna).

Saco el paquete de pastillas, extiendo las instrucciones de uso y leo los detalles. No pone nada del olfato. Pone que nauseas, alergias, urticaria, dolor de tripa, pero nada de cambios en la percepción de los olores. Quizas no se han dado cuenta… debería quizás hacer un comentario a la farmacéutica.

Hmmmm… Me encojo de hombres y sigo trabajando.

De pronto, acierto a concretar (hasta ahora estaba despistada con el Endnote) qué estoy oliendo.

Es sulfuro. Azufre.

Tuerzo la boca en una sonrisa que los locales describirían como “bemused”. Me acuerdo de pronto que aun que queda bálsamo de tigre. Me pongo un poco en la nariz. Durante un minuto tengo un buen colocón. Continuo con el jodido teclado mientras pienso lo siguiente:

"O bien tenemos un bicho muerto en la oficina y no nos hemos enterado, o el mismísimo Lucifer me ha hecho una visita razzia."

Voy directa al infierno, seguro. De cabeza.

jueves, 27 de febrero de 2014

Los anuncios de Feisbuk (III): Acierto

Abro Feisbuk esta mañana. A última estancia, miro la publicidad, más que nada por las risas y para ver si todavía insiste en mandarme anuncios de webs de consejos sobre el transcurso de embarazos (no, FB, no estoy preñada... no, en serio, hombre, que no… ¿Por qué insistes, FB?). Últimamente, además, ha empezado en enviarme anuncios de productos de limpieza. Se ve que lo de tener vagina tiene que indicar que me pirro por Fairy y quitamanchas varios.

Pero, hoy, menuda ha sido mi sorpresa cuando veo que, al parecer, por una vez, FB está haciendo las cosas bien: entre un anuncio de “¿en qué semana estas?” y otro de “porque tú lo vales” me encuentro un anuncio de “aprovisionamiento de reptiles”.

“Ratones muertos, insectos, presa viva…”

Awwwwwww…

Ehem. ¡Aleluya los procesos estocásticos en las alturas y en la tierra paz a los hombres que aman el agar-agar!

Y como soy así, me pregunto cómo se las ha apañado FB para acertar esta vez (una, que es escéptica). Y he caído en la cuenta de que quizás ha tardado todos estos meses en dar crédito al post que hice el año pasado, cuando me encontré una serpiente exótica en la bañera en mi Pisito de Soltera. Si, esas cosas pasan, como se pueden ver en los telediarios. Si no salí por la tele es porque no podía simular un ataque de pánico, llamar a la policía en medio de arrebato de histeria y hacer declaraciones en plan “no volveré a sentirme segura en la vida” (carezco de todo sentido de campechanía y saber estar del vulgo). Una bióloga haciendo arrumacacos al reptil que se ha colado en su baño no tiene buena prensa.


En todo caso, un high five (el primero) a la política de anuncios de Feisbuk. ¡Felicidades, red social, vas por buen camino!

lunes, 24 de febrero de 2014

Alguien quiere oír campanas de bodas… (Segundo capítulo)

Ayer, tarde. Escocés Incomprensible y yo estamos en casa celebrando plácidamente nuestro primer aniversario. Sentados en el sofá, con la película “Independence Day” de fondo, Escocés está leyendo su nuevo libro de reglas de Warhammer mientras masajea mis pies. Yo estoy en Amazon, buscando el último libro de la colección de Thursday Next, de Jasper Fforde, de la misma edición que el resto de los volúmenes que tengo (soy puritana, me gusta que los libros vayan a juego). Cuando acabo, empiezo a mirar mi Lista de Objetos de Deseo, que incluye ítems de manualidades y pequeños complementos de steampunk.

ANuRa: “Oye, Escocés, ¿puedes mandarme tu Lista de Objetos de Deseo?”
Escocés: “Por mi… Mándame tú la tuya. A veces puede ser muy complicado hacerte regalos… No estuviste muy entusiasmada con el CD de la banda sonora original de Frozen que te he dado para celebrar el primer año juntos…”
ANuRa: “Porque se veía a la legua que era uno de esos regalos que te hacen más ilusión a ti que a mí. Tú eres el musical en esta casa. Al menos el DVD de la tercera temporada de Sherlock dio en el clavo.”
Escocés: “Borde…”
ANuRa: “Solo me dices eso porque ha sido evidente que este aniversario me lo he currado mucho más que tu.”
Escocés: “Sip, la figura de edición limitada de coleccionista de The Punisher es una monada. Es genial tenerte como novia.”
ANuRa: “Idiota. Tú y yo.”
Tras enviarle la lista, hago el repaso de palabras clave para ver si Amazon tiene mas ítems que pudieran interesarme. Normalmente, añado un montón de cosas que al cabo de dos semanas descarto porque no me las puedo permitir, superan el presupuesto de lo máximo que me pienso gastar al mes o porque encuentro algo más barato y visualmente satisfactorio. Veo esta vez que alguien ha incluido en el catalogo una serie de complementos de steampunk basados en herramientas de taller. Me digo que me parecen fabulosos y busco a la derecha el botón de “Incluir en la Lista de Objetos de Deseo”.
ANuRa: “¡¡¡¡MECAGOENLAMARSALADAYENTODOLOQUE SEMENEA… !!!!”
Escocés: “¿Qué pasa?”
ANuRa: “¡Esto pasa! ¿Por qué demonios ha salido esto aquí?”
Escocés mira lo que estoy apuntando con el dedo en la pantalla. Justo debajo del botón “Incluir en la Lista de Objetos de Deseo”, hay un botón titulado “Incluir en la lista de bodas”.
ANuRa: “Es la primera vez que veo esto…”
Escocés (haciéndome ojitos): “¿Seguro que no es otra indirecta, ANuRa?”
ANuRa: “NO, NO LO ES. Mira, si voy a la página de Listas de Objeto de Deseo solo hay una lista, que es la que suelo utilizar. ¡No he creado – ni se me ocurriría jamás crear – una lista de bodas en Amazon!”
Escocés: “No deja de tener su gracia, Feisbuk y Amazon, queriendo casarte.”
ANuRa: “ ¿Por qué, me pregunto? Y lo peor es que mi última búsqueda de Quien cree Google que eres dice que soy un varón interesado en bodybuilding.”
Escocés: “Lo que no te pase a ti…”

miércoles, 12 de febrero de 2014

Feisbuk y la publicidad equivocada (II)

Tras varios “eliminar” contundentes la publicidad de material para bodas y pedidas de mano ha desaparecido de mi muro.

Pero Feisbuk ha vuelto a la carga. Llevo dos días meándome de la risa. Escocés no me creyó hasta que ayer le enseñe mi cuenta con tres anuncios de la misma temática.


Hay que prepararse: la oleada de anuncios pre-mamá acaba de asomar por la puerta

viernes, 10 de enero de 2014

2014


La tercera temporada de Sherlock. Yes, yes, YES!!!

The Voice UK. Hola, Tom Jones. Se te ha echado de menos, Will.I.Am.

El disco de Leah.

El primer año con Escocés Incomprensible.

Sarah Millican en vivo. Love you, gal!
 
¿Ginebra?

Eurovisión y risas…

Proyecto de Sobrino (todavía de sexo neutro).

Ana Alcalá, espero.

Nueva York.

Sancesar, si alguien me dice donde he de buscar.

Irlanda. Finlandia. Francia.

Quizás no este año, pero si se da la oportunidad… Q&M.

NINGUNA BODA. Al menos, la mía.

2013

(Con retraso).

Llego a Pisito de Soltera tras las vacaciones de navidad con los Autores y las otras Obras. Me sorprendo pensando “por fin en casita”. Espero que no sea que mi psique me esté diciendo que ansía ser sésil de una vez por todas.

Dudas existenciales: ¿es la carrera académica algo para mí? ¿Estoy al borde de odiar a muertes mis queridos cerebros? ¿Me corto las venas o me las dejo largas? ¿Me van a despedir por acabar la base de datos con dos meses de retraso? ¿Por qué hace un año no podía saber lo que se hoy: habría salido perfecto y estaría respirando tranquila. ¿QUIERO PASAR EL RESTO DE MIS DIAS ASI, CON ESTE SINVIVIR DE PRUEBA Y ERROR?

Escocés Incomprensible: acabamos liados a resultas de una conspiración internacional. Terciaron en el asunto una irlandesa descocada, una británica de madre uruguaya con grandes capacidades organizativas, un venezolano más dicharachero que la rana Gustavo, un tipo local que dio la bendición papal y, bueno, seamos sinceros, Sistero, que fue quien hizo rodar la pelota unos meses antes.

Asumo que los británicos tienen una habilidad especial para pronunciar y escribir mal mi nombre, y que haga lo que haga eso no va a cambiar. (Escoces: “Pero, ANuRa, te juro que deletreé tu nombre perfectamente. Tres veces. Está visto que esto solo te dejará de pasar cuando te cases conmigo y pierdas tu apellido de soltera.” ANuRa lo persigue katana en mano.)

Casa de Brujas, el descubrimiento de que el comic argentino hay que disfrutarlo en original y no en patrio “políticamente correcto”.
 
Tras tres meses viviendo con Escocés, empiezo por fin a descifrar su acento glasgowiano. Escocés aprovecha las circunstancias para presentarme a su familia (de origen irlandés, multitudinaria, no tengo ni idea de quién es quién, pero todos parecen saber quién soy yo. ¡Arrrrrghhh!).

Because of the shoes, I am wearing today. One is called love, the other SSSSSSpain... Dinamarca, here we go.

Primera reunión de la familia del Autor a la que acudo en diez años. Me repito por enésima vez que estas reuniones no son buenas para mi ego. Quizás dentro de diez años me lo vuelvo a pensar. O no.

Más dudas existenciales y ataques de llorera (esta vez por culpa de los códigos estadísticos). Y darme cuenta de la triste verdad: llevaba más de veinte años lidiando con mis ataques de desesperación sola, sin poder llorar a gusto en brazos de alguien porque o bien había cosas mucho mas importantes (“ANuRa, no seas tan egocéntrica, hay quien está peor”) o bien acababa yo con un cabreo supino porque mi interlocutor también empezaba a soltar lagrimitas, haciéndome sentir mal por hacer que otros se sintieran mal. Y más triste aun, que es la primera vez que alguien quien me importa me sostiene en brazos mientras me dice sinceramente, conmigo soltando los mocos, que le hago feliz (lo habitual es “mira que fastidias”).

Escocés se escandaliza porque leo Oglaf. Yo me escandalizo porque no lo lee. (Escocés: “Girls with slingshots? ¿Es otro de esos comics online?” ANuRa: “Nope, aunque a ratos hace antología del alcoholismo y la importancia de cierto tipo de juguetes, ¿eso cuenta?”)
 
Un año leyendo noticias patrias y pensando… no pienso volver. Me niego.

Mis padrinos conocen a Escocés. Entusiasmados. Thumbs up. Prueba superada.

En términos de identificación en una imagen de resonancia magnética, la amígdala es una hijadeputa. Básicamente. Y los límites del lóbulo frontal unos cabrones de cuidado. I hate them… sooo… much…  Tengo que rehacer parte de la base de datos. Mal rayo parta a MiPAV...

Para mi cumpleaños, consigo que Neil Gaiman me firme mi volumen número uno de The Sandman. “Sweet dreams, ANuRa”, me escribe. Awwwww…

Brodera se queda embarazada por segunda vez, esta vez, dicen, quieren un Proyecto de Sobrino. Mientras, Sobrina se dedica a trepar mis estanterías, dicen, llevándose a la cama algún que otro libro de El Barco de Vapor. “Ha salido a la Tía”, dicen. No, la Tía leía esos libros, no los masticaba, en eso ha salido a su Autora. ¿Recuerdas lo que le hiciste a mi primera Barbie, Brodera?

Continúo la colección de Girl Genius, descubro Hack/Slash, me leo toda la colección de comics de Escocés Incomprensible. The Last Man, 100 Bullets, Fables, Invencible, Powers. Escocés descubre Girl Genius, Oglaf, Girls in Slingshots, Go Get a Roomie, y The Sandman.
 
 
Escocés sorprendiéndome con una frecuencia sobrenatural. La ultima: que va a enviar el currículo para una estancia en Suiza de dos años porque, al fin y al cabo, yo adoro Suiza y el quiere también tener La Experiencia Internacional.

No, el himno patrio no es Macarena de Los del Rio. Tampoco The Ketchup Song. No insistas.

Albergo preguntas sobre la influencia del medio en el desarrollo de la persona: ¿Por qué Escoces no puede pronunciar las doble erres y su Brodera si? Fascinante…

Más dudas existenciales: ¿Por qué tengo que ser una neuras y una jodida perfeccionista? ¿Por qué me he metido en una carrera con fuerte componente estadístico cuando sé que la estadística me quita el sueño, me hace sentir lerda y abrir y codificar R me quita años de vida?

Hago de tripas corazón y compro el volumen 5 de Girl Genius por cuatro veces su precio. He alcanzado los abismos del fan incondicional, me digo. Al menos tengo la excusa de que la editorial ha quebrado y nadie sabe cuando se reeditaran los volúmenes o si tendrán el mismo formato. Los doce volumenes con la colección completa (and ongoing) me causan plena satisfacción.

Me hago donante de órganos. Dono mi cerebro a la organización de lucha contra la demencia (tengo historial de demencia frontotemporal en la familia, y la secreta aspiración de no durar lo suficiente para que ésta se manifieste).

Vida en común: nos mudamos juntos en noviembre, en un arranque que combina una alineación extraordinaria en el mercado inmobiliario del pueblo y la Buena Estrella que Tocaya siempre me echaba en cara. Me acostumbro demasiado rápido a dormir abrazada a alguien. No me acostumbro a que Escocés siempre sonría beatíficamente mientras duerme.

I love you, Leah.
 
La entrega de la tesis, con seis meses de retraso y yo golpeándome la cabeza contra el ordenador por culpa del software generador de PDFs.

Puedo decir que una relación se puede medir en quilos. En mi caso, siete quilos extra. En su caso, cuatro quilos menos. O me dedico a cocinar siempre, o Escocés aprende a cocinar algo que no sea precocinados. Bullocks.

Más dudas existenciales: mierdamierdamierda, si no tenía suficiente con qué timón dirige mi vida ahora encima tengo que hacer cábalas porque no quiero tener una relación a distancia con Escoces. Sniff…

Escocés diciéndome que en algún momento me curara la aversión al matrimonio. Yo defendiendo mi posición a base de mordiscos y patadas.


Escocés, en retaliation, pasa el examen del cinturón negro de karate.

Mi nueva heroína favorita se llama Fantomah y es el resultado de una distorsion patriarcal. Es una rubia espectacular a la que, cuando usa sus poderes, su cara se le queda en los huesos. Mensaje subliminal: el poder, en las mujeres, queda feo.


Final Fantasy VII vuelve a mi vida. Se te había echado de menos, Tifa. Nota al margen: ¿Cómo pudo haber un tiempo en el que encontré a Sephiroth sexy? Ahora el que me realmente me mola es Cid.

 
Me doy cuenta de que en 2014 se celebrara la quincena de nuestra graduación. Me paso varios minutos mirándome al espejo intentando cuantificar hasta qué punto he cambiado, si ha sido para bien y si realmente a alguno de mis ex compañeros le importara un pimiento. Me examino a fondo y descubro que no me queda ni una pizca de miseria en ese sentido.

La primera pelea con Escocés tras diez meses de apartenaje acaba con los dos haciendo wrestling. Media hora intentado tirar al otro de la cama, pellizcos, llaves y bloqueos.

Navidades en las Patrias con Escocés Incomprensible. Con toda la familia, para celebrar los setenta y cinco tacos del Autor de Mis Días. Incluidas mis Tías Metomentodo. Presentación oficial. Varios ataques de pánico. Escoces me regala una Nintendo3DS por navidad y se congratula al ver que casi me echo a llorar de la emoción. Más ataques de pánico. Sobrina me da una torta tras decidir que Escoces es tan majo que se lo quiere quedar. Autor se queja de que nos sentamos demasiado juntos. Autora me reprocha no encargarme yo exclusivamente de lavar y planchar la ropa de Escoces. O es que en verdad ¿no lo quiero? (WTF). Sistero, Primísimo y Primísima se parten el culo antes las escenas familiares.

Escocés hace la foto más fotogénica que jamás alguien hizo de mí.

Determino que tengo que hacer dieta después de que el cálculo de mi índice de masa corporal entre por primera vez en la parte baja de la zona de sobrepeso y después de que Paburo-sensei, tras verme el buche, me preguntara alucinado si es que estaba embarazada. Su novia le soltó, con mi aprobación, un buen pisotón.

Acaba el año en El Pueblo Donde William Conoció A Kate, explicándole a todo mundo cómo se comen las uvas.

Me digo que a ver si este año cuido más el blog. Y me doy cuenta de que la principal razón por la cual no escribo es porque el teclado británico no tiene acentos. Aunque corrija siempre me falta la mitad. Ains…

Feisbuk me quiere casar


Desde que volví de mis vacaciones, Feisbuk ha vuelto a carga con anuncios temáticos (tras éxitos como “páginas de citas para lesbianas”, “perder milagrosamente quilos” y “terapeutas infantiles”). Día si, día también, al abrir mi cuenta me encuentro con este dichoso anuncio…
“Being proposed to? Discover beautiful items and ideas to make your day special!”
[Para los anglófobos: “¿Te han pedido en matrimonio? ¡Descubre bonitos objetos e ideas para hacer especial tu día!”]
... y los dos monigotes de la ilustración en plan boda rosa. Tipo primera comunión, pero sin los rosarios. Un horror.
A cualquier otra persona seguro que le da igual, pero a mí me toca las narices. Sobre todo tras unas navidades en el hogar autorero en las que todos los miembros de la Vieja Guardia (Autores, Tíos, Amigos de los Autores y otra fauna), tras presentarles a Escocés Incomprensible, se han dedicado a hacer comentarios en la línea de “oh, qué buena pareja… *wink, wink*… no si al final muy atea y eso, pero seguro que te acabas casando de blanco y por la iglesia… *wink, wink*… Ya nos invitarás a la boda, ¿eh?”
Y, tras una semana en la que se me han inflado las narices espectacularmente, solo tengo una cosa que decir.
Nope.
En serio, nope.
Primero, que llevamos menos de un año juntos y es anticipar dudosos acontecimientos. Y segundo: boda clásica, y un cuerno. Ni yo me visto de blanco y de largo. Ni monto un perifollo de esos de aparentar, para solaz (exclusivo) de la familia. Ni prometo nada frente a un tipo soltero que supuestamente me habrá tenido que dar unos cursos matrimoniales sobre qué puedo o no puedo hacer bajo mi propio techo. Ni me someto a un tortuoso y cursi reportaje matrimonial con posturitas. Ni doy mi brazo a torcer con Escocés que no para de hacer bromitas con bodas en versión escocesa, en las que todos cuentan lo bien que se lo pasan menos la novia (en serio: el padre de la novia da un speech, el novio, la dama de honor y el “best man”, pero la novia no puede decir ni pío).
Final del ramalazo.
“Pero lo harás, porque casarse es un acto para confirmar y declarar el amor a tu pareja. Y tú quieres a Escocés, ¿no? *wink, wink*”
BODA CIVIL Y PUNTO. O saco los cuchillos.
Ehem.
Pues bien, harta, digo, eliminé el anuncio hace un cuarto de hora.
Mala idea.
¿Por qué? Pues porque, tras renovar la página, Feisbuk de repente me ha llenado el muro con un…
“Engaged? Start planning!”
[“¿Prometida? ¡Empieza tu planificación!]
Acompañado de un…
“Bridesmaid dresses SALE”
[“OFERTAS en trajes de dama de honor.”]
Y rematado con un...
“Getting married in 2014?”
[“¿Te casas en el 2014?”]
Ains…
..
..
.
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Vamos, a ver cómo te lo digo, Feisbuk.
Punto número uno: créeme, en un mundo de infinitas posibilidades, ser mujer y estar en una relación no implica obligatoriamente que todos mis esfuerzos (y fantasías) estén orientados a ese momento mágico en el que pueda subir los escalones en dirección al altar, velo puesto y ramo en mano. En mi caso, te voy a confesar quetodos mis esfuerzos están concentrados en no lesionar irreversiblemente a Escocés (soy de un patoso consensuado y si no me crees pregúntale a Escocés como acabé por accidente dándole un codazo a lo pressing catch en sus partes nobles, cuando solo pretendía darle un beso). Y mis fantasías… no voy a contarlas, que esto es público. Pero no incluyen precisamente fetichismo basado en ceremonias con pompa y platillo, te lo aseguro.
Punto número dos, Escoces Incomprensible no me ha preguntado si me quiero casar con él. Habla de tanto en cuanto de un futuro incierto en el que (probablemente) estaremos casados (sic), pero también a ratos hablamos de un futuro incierto en el que (posible) no estuviésemos juntos. No ha habido anillo, ni nada de “envejecer juntos”, ni otras monsergas. Es más: si Escocés Incomprensible me pidiera la mano hoy al llegar a casa (al menos asumo que tendría suficiente sentido común como para no pedir permiso al Autor primero: ES MI MANO, no la del Autor), mi reacción sería, indistintamente y dependiendo como me pille:
A)     Preguntarle si ha bebido, Y/O
B)      Preguntarle si se ha drogado, Y/O
C)      Preguntarle si es que se ha metido a comediante, Y/O
D)     Preguntarle si ha habido un accidente en el laboratorio y ha mutado, Y/O
E)      Darte un par de ostias a ver si se espabila, Y/O
F)      Darle un codazo a lo pressing catch en sus partes nobles A PROPOSITO, Y/O
G)     Usar con el todo mi arsenal de cuchillas con fines meramente experimentales.
No está el horno para bollos, como puedes ver.
Punto número tres, ¿dama de honor? En serio, repito, ¿dama de honor? ARE YOU FUCKING KIDDING ME? ¿Crees que tengo alguna amiga a la que deseo tanto mal que voy a obligar a enfundarse una de esas monstruosidades que llaman trajes de dama de honor? ¿Qué tipo de inmundo ser te crees que soy? [Bien mirado, debes estar muy bien informado este punto: la última vez que me recomendaste páginas que podrían gustarme incluiste “Necrofilia”. Tienes un sentido del humor muy jodido, Obi Wan…]
Y punto número cuatro, ¿por qué 2014? ¿Es que tienes un reloj interno que está contando los días que quedan antes de que se me pase el arroz? ¿No tienes hobbies?
Así que hazme un favor, Feisbuk, deja de hacer el casamentero y, por una vez, mira mi perfil de preferencias antes de postear anuncios. En él, pone que me gustan las pelis, los comics, el steampunk, y otras fricadas. Y, francamente, no entiendo por qué te pasas esa información por el arco de triunfo e insistes en mandarme publicidad sobre cómo perder peso, encontrar pareja (preferentemente para una relación homosexual [¿?]), vestir con colores pastel, comprar zapatos de tacón que no me jodan los gemelos y maquillarme como una actriz de Jolibud. Por si no lo has pillado (y mira que he clicado veces en el botón de “no me interesa este tipo de anuncios”) no me interesa este tipo de anuncio.
Amos ya.