Uno de esos pequeños detalles fue llevarme uno de los días a Heidelberg, Alemania, a hacer compras. Fue uno de los peores días que recuerdo para mi bolsillo. Entrábamos de tienda en tienda y no salíamos con las manos vacías. Fue en una de esas tiendas en las que encontré a mi actual "compañero" de piso (os adjunto fotos). A mí me ha dado por bautizarlo como Terterro (siempre llamo a los dragones del mismo modo, o así o Jilocasín, que era un dragón francés capaz de transformarse en hombre...).


Por cierto, Terterro es una cometa, por las dudas...
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