Escocés
Incomprensible es, como el nombre indica, escocés. Nació y creció cerca de
Glasgow, aunque parte de su familia es de origen irlandés. Eso significa que
habla con un acento y una pronunciación que, para alguien que, como yo, sólo es
avezada en inglés académico con acentos germanos y latinos,
resultan tremendamente confusos. La mayor parte del tiempo nos lo pasamos repitiendo constantemente frases cotidianas, porque no nos entendemos. Es por
esto que, cuando me intenta convencer para ir a pasar un fin de semana a
Glasgow porque quiere presentarme a sus amigos y familia, me entra el pánico.
Si tengo dificultades con él de tú a tú,
¿cómo voy a enfrentarme a todo un grupo que habla en la misma sintonía? El se ríe
cuando se lo comento, cuando le da por entenderme.
Escocés
Incomprensible es tremendamente alto, lo cual se traduce que, cuando mantenemos
conversaciones de pie, yo me tengo que dislocar el cuello para mirar hacia
arriba y él tiene que estar constantemente con la barbilla pegada al esternón mirando
para abajo. Cuando vamos juntos por la calle, él da una zancada y yo
doy tres, y se ríe de mí cuando le pido que aminore el paso.
Escocés
Incomprensible tiene un doctorado en química. Pero eso no quita que sepa
bastante de biología (bastante más que yo de química, seguro). Pero es genial,
porque como es investigador nos entendemos en ese sentido. Se ríe cuando,
estando solos, me sale la jerga científica espontáneamente. Cosas del estilo de
“estadísticamente significativo” o “hipotéticamente correlacionado”, aplicadas
a la vida diaria. Es agradable tener alguien que pille las referencias (ANuRa
et al…) y replique en trueque.
Escocés
Incomprensible es un gran deportista. Hace karate tres veces por semana. En vacaciones,
hace snowboard. Durante años hizo escalada. En casa hace pesas y flexiones. Le
gusta bailar. Es una parte de él que, francamente, me intimida. Ironías de los
procesos estocásticos, que precisamente yo haya acabado con un deportista (una
parte de mi se da golpes constantemente contra la pared por ello, ¿cómo puedo?).
Sobre todo porque le he repetido hasta la saciedad que yo soy lo más vago
y patoso del mundo y que si durante todos los años de escolaridad aprobé gimnasia
fue porque a ratos le hacía la pelota a la profesora de turno, por lo que le
pido que no insista en llevarme de accesorio en expediciones de actividad física.
Pero el se ríe y maquina en silencio excursiones de todo tipo.
Escocés
Incomprensible es un gran friqui. Le apasionan Batman y The Punisher, juega a
Warhammer, ve películas de acción y comedias angloparlantes. Cuando empezamos a
salir me comentó que era un alivio no tener que esconder sus
aficiones, lo cual me refuerza la idea de que la mayor parte de las escocesas
son un poquitín sosas. Que lo de tener como pareja sentimental a alguien que no
sólo tolera, sino que también participa en estas actividades, es genial. Se ríe
cada vez que me recuerda que en nuestra primera cita cinematográfica fuimos a
ver “Die Hard 5” y que, contra todo pronóstico, no lo envié a la mierda por
elegir esa película.
Escocés
Incomprensible dice estar muy orgulloso de mí. Dice que le gusté desde
el mismo momento que nos conocimos, allá por octubre, durante una fiesta de
cumpleaños a la que me presenté con mis vaqueros más sobados, mi jersey más
deformado y mis chirucas más viejas. Que le parecí muy atractiva, con mis gafas
de pasta y una cerveza en la mano. Que le sorprendió que a los cinco minutos de
iniciar la conversación le confesara que me gustaba “The Authority” y “The Boys”
y sugiriera crear un grupo para jugar a juegos de mesa. Dice que farda ante sus
amigos porque está saliendo con una chavala que sabe de cómics, dibuja, trabaja
con cerebros, tiene su casa llena de cráneos y bichos, tiene plantas carnívoras
en vez de macetas de ficus, le gustan las pelis de acción y de terror y detesta las
comedias románticas.
Escocés
Incomprensible no comprende, no obstante, por qué cada vez que me quiere
lanzar un piropo o hacer algo de “sweet talking” gruño. Ríe y comenta en voz
alta que soy rara, rara, que es la primera vez que topa con una chica a la que
no le guste (ergo, no exija) que le digan que tiene ojos bonitos o que es
atractiva. Insiste, empero, en decirme constantemente que soy fantástica, que le
gusta el color de mis ojos, que soy inteligente, et cetera, et cetera. Y yo me conflictúo,
porque soy perfectamente consciente de que si alguien que no fuera Escocés
Incomprensible me dijera todo esto con la misma frecuencia y perseverancia haría
mucho que lo habría convertido en un individuo experimental, con mesa de disección
de por medio.
Escocés
Incomprensible y yo llevamos un mes saliendo juntos. Dice que quiere aprender
castellano, que quiere conocer a mis Autores (glups), que quiere presentarme a sus
amigos, que quiere enseñarme a hacer escalada, que quiere coger prestados los
comics que me gustan, que quiere que lea los que le gustan a él.
Me resulta raro
decir que quiero a Escocés Incomprensible, porque suena a cursi y el verbo “querer”
está tan deteriorado a estas alturas que resulta inconcebible usarlo para
definir todo esto. Pero, digamos, me gusta mucho estar con Escocés
Incomprensible. Si no está, lo echo de menos. Si está, estoy en el parnaso. Si
de repente no estuviera, indefinidamente, el golpe me partiría en dos.
Creo que todo
esto significa que estoy perdida para la causa. Cualquier causa. Lo curioso es
que, francamente, me importa poco.
4 comentarios:
Vaya, vaya..., ¿me equivoco al pensar que es el de la invitación fallida del 14 de febrero? A lo mejor tenías varios pretendientes... :-D
¡Me alegro! Besos y salud y tal.
Te equivocas... En ese post cite a Escoces, pero fue porque no sabia si iba a ir al concurso de musica. Tipo es otra persona. Y si, habia varios pretendientes. Un sofoco... :P
Jajajaja, pobre, qué estresada debías estar.
Ya se sabe, españolas triunfando por el mundo XDD
Triunfando aun cuando enarbolamos bisturís a modo de advertencia. Ains.... XD
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