Regresé de tierras lusas.
[Ahora sabéis por qué he estado fuera de cobertura tanto tiempo...]
Esta semanita por la patria del fado ha dado de sí, lo confieso, aunque sólo fuera en arras del enriquecimiento de mi guardarropía. Es lo que tiene presentar el último día de congreso e ir con una colega, que cerró la sesión, el congreso y la sala, que de pronto te espeta, en plan rebelde, “ahora tenemos que ir de compras”. Pasa y ¿bien? Pues que vas de compras… Sorprendente pero cierto: tras dos horas de recorrido sinuoso por el centro de Lisboa acabé con un par de pendientes de más, un collar, tres camisetas, una blusa, unos tejanos (la prenda, no un par de rangers con pinta de Chuck Norris), dos pares de zapatos y ciento cincuenta euros menos en mi bolsillo.
Sorprendente, ¿verdad?
Pues aún no sabéis lo mejor.
Los tejanos son cortos.
Sí, señores, me he comprado un prenda que hace inevitable mostrar muslo. O un par de piernas de un blanco cerúleo, casi radioactivo, por si las dudas. Los estrené al día siguiente, después de que la colega me convenciera que la piel de naranja no se me notaba tanto. [Gracias, Caco. Sinceramente. De no ser por ti aún me estaría arrepintiendo por haberlos comprado.]
Puedo imaginar vuestras muecas de estupefacción ante este fenomenal hecho.
Pero ahí no queda: los zapatos… los zapatos son de tacón. Un par de sandalias con tres centímetros de adición… Y un par de zapatos abiertos de terciopelo negro con tacón de siete centímetros…
Espero que la taquicardia no haya podido con vosotros y estéis leyendo aún.
Ya puedo oír como Eduardo grita desde los páramos norteños algo del estilo de “quién eres tú y qué has hecho con ANuRa”… Lamento tener que decirlo, pero, sí, soy yo. Es que no sabéis lo sutil que puede ser la colega. Y lo barato que es Portugal en comparación a Heidilandia. Y cómo el euro se ha devaluado lo suyo frente al franco suizo…
En fin, al menos no llegó al nivel de catástrofe del viaje a Bruselas. Aquello sí que fue una tortura para mi bolsillo. Ronda aún por ahí el archivo con la lista de utensilios y precios de aquel día, más que nada para recordarme que no he de caer en la tentación. Amén.
Por lo demás, la comida es tan saturante como la recordaba (actualmente no puedo oler bacalao sin sentir empacho y temo que los síntomas perduren lo suyo… y eso que sólo lo comí una vez), y las cervezas y los cafeses eran buenos y baratos. Sobretodo las cervezas. Uno de los temas predominantes estos días ha sido la comparación de degustación y precio de las birras lusas contra las birras suizas. Por si las dudas: las lusas ganaron por goleada.
Y sí. Fui a Évora. Y sí, visité la Capilla de los Huesos.
Qué bien que me conocéis…
3 comentarios:
Francamente, people, si hay algo que me joda mâs que un comentario fuera de tono es un comentario eliminado.
JP, recuerdo haber leîdo el comentario y no incluîa nada bochornoso (excepto quizâs la insinuaciôn de que probablemente me habîa dedicado a las compras por estar infantuada con algûn energûmeno y eso me habîa revolucionado el lado femenino... y eso sôlo consiguiô una elevaciôn de ceja porque ya nos conocemos). Creo que si miras la entrada posterior te darâs cuenta que no contestê por razones personales, no porque el mensaje causara mi ira.
Cordialmente...
Esto es injusto, me has robado lo de "tú quién eres, qué has hecho con Anura, devuélvele su cuerpo", así es que no se puede comentar ni na' ;-)
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