miércoles, 13 de julio de 2011

"No se ría de la bruja Avería... o del dios Thor"

Durante esta madrugada, recuerdo, vagamente, haber estar soñando con un escenario bélico y, a ciencia cierta, con el dios del trueno Thor, según aparece en The Ultimates. En mi delirio onírico estaba el tipo haciéndome una demostración de cómo blandir un martillo sin parecer paleto cuando el movimiento de su melena me hizo recordar entre risas un “porque yo lo valgo”. En el siguiente instante, me desperté en medio de un estruendo de mil pares, como si tuviera un batallón de soldados norteamericanos haciendo una demostración de fuego amigo en mi dormitorio, mientras que el edificio entero temblaba de pies a cabeza y las ventanas entrechocaban dejando paso a viento, agua y relámpagos.

El momento del pánico duró sólo medio seguro, lo que tardé en asimilar que no, ningún rubiales nórdico con martillo se había teletransportado a mi cuarto intentando darme una clase de modales. En realidad, el fuego amigo era el granizo del diámetro de una moneda de dos euros acribillando el tejado (repito, vivo justo debajo). El edificio temblaba y crujía no por seísmo, sino porque el huracán en cuyo epicentro parecía estar el barrio entero. Y los relámpagos y la lluvia era sólo el acompañamiento de una de las usuales tormentas de verano de Turingia, habiendo adquirido ésta en particular dimensiones spielbergianas (dramatización, que le llaman).
El espectáculo, sin duda del tipo “sentar y disfrutar”, me quedó parcialmente aguado (en literal) mientras corría de un lado para otro cerrando todas las ventanas de mi piso y salía al balcón en un intento (exitoso) por salvar las contraventanas que me había dejado abiertas (aún a costa de moratones y del riesgo de que algún peatón se percatara de que estaba en bragas; bueno, un peatón vivo, no creo que nadie pueda sobrevivir semejante alud sin consecuencias de mayor índole), mientras parte de mi cerebro, excitado por la adrenalina, intentaba convencerme de que esos ruidos en la cocina parecían indicar que alguien estaba trasteando mis estantes o arrastrando la caja de cervezas (un regalo que durará meses). Acabada la operación “salvar el parquet”, me senté en la cama, tras haberme encerrado a cal y canto, dándome cuenta que el concierto de percusión luces no me iba a poder pegar ojo a corto plazo, mientras me cagaba - en silencio - en Thor, en Odín y en todo el panteón asgardiano.

2 comentarios:

exseminarista ye-ye dijo...

Jaja, supongo que habrás aprendido a cerrar las contraventanas aunque sea verano. Bueno, o no, que somos todos muy "uy, levantarme ahora a cerrarlas; total, no va a llover...".

¡Volví! Al menos un tiempito :-)

ANuRa dijo...

Se te habîa echado de menos... ;)