Creo que ya he comentado en alguna ocasión que tengo compañeros en mi trabajo que no me los merezco. Gente que entiende a la perfección mi infatuación por las vísceras, mis chistes de asesinos en serie y mis debilidades varias.
Gente que cuando ve una película de Alan Rickman en la tele, al día siguiente viene y me dice que ha pensado en mí. Y si alquiló la peli, prolonga el préstamo y me la deja para que me dé una ración de babeos. (Nadine, I love you, sweetie).
Gente que, casi sin conocerme y sin que yo se lo pida, vuelve de sus viajes allende estas tierras y de pronto irrumpen en mi despacho trayéndome una rana de chocolate o algún que otro anfibio chabacano (merci, Marie!).
Gente que para mi cumpleaños me regala merchandising sangriento, comentándome después que fue arduo encontrarlo porque, al parecer, “bloody sheets” no lleva a tiendas online, sino a blogs de contenido chocante (thank you, guys).
Gente que me presta cómics, o me los regala una vez los ha leído, diciéndome incluso alguna vez que soy una chica rara, rara porque me gustan los cómics o porque me gusta cierto tipo de cómics, pero que como lo dicen con una sonrisa sé que lo dicen porque me consideran uno de ellos. (Danke vielmals, Jody, Thom!).
Gente que me anima a dibujar (Ellen, you’re the best), que cuenta conmigo cuando hay manualidades de por medio (Annie, Marcia, Eva), que me dice que les caigo bien porque soy original, excepcional y no quiero renunciar a esa pequeña parte de mí que aún sueña con poder volver a publicar tiras cómicas en algún lado. Gente que quiere siempre ver la última diapositiva de mi presentación, donde siempre pongo una de mis caricaturas (thank you, PhD advisors).
Gente que encuentra divertido mi fijación por el terror, que me cuenta que en sus sueños son una psicópata (¿gracias, Pietro?), que puede cantar a coro conmigo todas las canciones de “The Rocky Horror Picture Show” o “Sweeney Todd” (oeoeoeeee, Sandra), que se ríe cuando traigo a la oficina ojos de gelatina, armas medievales para niños o elementos cortantes varios (ey, Janneke, Claudia, Annie), o cuando doy clases magistrales en el bar sobre cómo utilizar objetos cotidianos para defenderse de los muertos vivientes (gracias, Ellen y compañía).
Gente que consigue alevosamente que el resto de la gente se entere de mi zombifilia y después esta gente se cruza conmigo y dice que el otro día pensó en mí al ver un programa en la tele, un libro de epidemias o el cartel de una película y se ríe diciéndome que lo encuentra genial y que a ver si vamos un día a ver una peli de ésas todos juntos, y luego se van dejándome con la incógnita de cuándo les fui yo con el cuento (thank you, Sonja).
Gente que me pide que convierta mi novela zombi en un éxito, para que la traduzcan al menos al inglés y poder ellos leerla (kiss you, Nadine, CoCo and the Neubühl troupe).
Gente que cuando hablamos de comer casquería me demuestra que ha comido cosas más repugnantes que yo… y que les supo bien y que, de haber ocasión, irían de pitanza vomitiva conmigo (danke schön, Heinz).
Gente que no piensa mal al día siguiente de la fiesta cuando se entera que me volví a quedar dormida en cualquier rincón a las dos de la madrugada, porque saben que no es que yo no aguante el alcohol (de hecho, nadie me ha conseguido emborrachar aún), sino que sufro ataques de sueño. Gente que, viéndome en el aprieto, me cubren con un abrigo o una manta y me dejan dormir en paz (gracias, Pietro, CoCo).
Gente que cuando vuelvo a la oficina después de una semana de vacaciones con la familia (que puede ésta quizás entender mi herpetofilia, pero no mi afición a los cómics, a cadáveres reanimados y a chistes macabros) me recibe dándome más cómics americanos en inglés para leer (cheers, Jody), me propone hacer una sesión de cine casolana para ver una película de terror (love you, Ellen), me comenta que vieron un cómic online sobre una chica zombi y me lo va a enviar (gracias, Sonja), me regalan unas pegatinas con trozos de cara zombi que compraron en Estados Unidos y que sirven para decorar tu reflejo (gracias, Sandra, Evelyn y Nakita), y encimas me sorprenden con cupcakes realmente repulsivos (Sandra, du bist die liebesvollste!!!).
Gracias a todos.
Sólo espero poder estar dándoos algo a cambio de todo esto. Quiero pensar que conocéis una parte de mí que yo no sé encontrar en el espejo y que el hecho de que tengáis tantos detalles conmigo es porque podéis sentir un afecto por mí que no es causado por locura transitoria (no creo recordar haberos puesto nada en la cafetera, pero mi memoria ya no es lo que era). Gracias por estar ahí. Gracias por aguantarme. Gracias por fomentar this crazy side of myself.
2 comentarios:
Te sorprendería lo especial que puedes llegar a ser en la vida de las personas. Tu no te das cuentas pero es así y cuando se cae bajo tu embrujo...ya no hay nada que hacer.
Un beso
MJ
Zalamera...
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