Por razones varias, sobre todo por interés, desde que el terremoto que azotó la costa este de Japón, he estado conectada a varios canales de noticias, para enterarme de los pormenores del asunto. Que no es que tenga familia o conocidos allí arriba, tirando a la derecha, pero todo el mundo conoce la querencia que siento por todo lo que sea nipón y que el país se vea en una situación precaria me toca cierta vena sensible.
La cuestión es que estuve enganchada a la CNN todo el viernes tarde, hasta bien entrada la noche, dos de la madrugada, creo recordar, y parte de la mañana del sábado. Llegado a este punto, estaba harta, hartísima de ver a los yanquis repitiendo las mismas noticias, los mismos pronósticos e intentando sonsacar con parcial éxito a los expertos en física nuclear una declaración del tipo "el reactor va explotar y se van a ir todos a la ..." (afán sensacionalista, aunque siendo yanquis, qué más se les puede pedir), que casi daba la impresión de que querían degradar al pueblo japonés dando a entender que estaba completamente desamparado (a pesar de que tienen mayor renta por cápita y sanidad que nosotros, yanqui dixit) y que las tropas norteamericanas estaban siendo enviadas por pena a esos asiáticos que siempre tienen que ser rescatados (y venga más comparaciones con el tsunami de Indonesia hace varios años).
Yanquis aparte, o quizás a causa de los yanquis, a eso de las tres de la tarde del sábado, me di cuenta de algo terrible: de que la visión continuada de las mismas imágenes una y otra vez me estaba dejando fría y me impresionaban menos que el ataque conjunto de un horda de zombis (tipo REC), un nido de Aliens y una manada de licantropos en celo. Triste, triste. Millones de personas penando, directa o indirectamente, y yo sin sentir ni un ápice de la magnitud de la tragedia porque las voces excitadas de los presentadores y las declaraciones de los expertos me parecían frívolas y me ponían de los nervios y los vídeos me daban dolor de cabeza con tanta cámara desenfocada (el hecho de que los que estaban grabando parecieran pasárselo bomba no aportaba seriedad alguna). ANuRa, miss Insensible, la que no lloró cuando tuvimos que dormir al perro. Ésa soy yo.
En fin, que había que tomar medidas y, llamémoslo destino, me acordé que dos semanas antes había comprado en el rastrillo una copia del DVD de "2012", que aún no había visto porque esperaba el momento adecuado. Así que apagué la televisión, puse el ordenador, y me pasé dos horitas haciendo terapia de choque (contra la insensibilidad) tragándome imágenes exageradas sobre los efectos apocalípticos de terremotos y tsunamis. Y cabe decir que la peli de marras sólo vale por sus efectos especiales, pero la escena en la que la familia que habita en Tokyo se abraza cuando el terremoto que va a destruir a ciudad menea el tinglado, ha conseguido lo que el seguimiento contínuo desde el viernes no había conseguido: darme una idea emotivamente precisa de lo que está pasando en Japón. Así que parece que aún tengo sentimientos y cierto grado de simpatía y que mi hastío se debía a la forma de presentar los facta (del latín, factum).
Conclusión: sigo aún la magnitud de la tragedia, pero paso de la CNN y sigo las noticias de la BBC online. El hecho de que lea los textos y no tenga que aguantar voces creo que ha contribuido a mi receptividad.
2 comentarios:
Qué noooo, seguro que en el fondo en el fondo tienes sentimientos o algo... :-)
Aquí se han dedicado a exagerarlo todo, a poner en la tele que en Tokio cunde el pánico y cosas de ésas, cuando la gente que está por allí dice que lo que cunde es la normalidad (vale, en la zona norte igual no del todo, pero tampoco se ven por lo que parece hordas de gente huyendo). En fin, país.
Salud y eso.
Gracias, E-S, por tener fe en mi paleta emocional!!! Pero, en serio, lo de seguir las noticias en directo insensibiliza a cualquiera.
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